El XVII Congreso de Fundraising en cuatro frases entre ceja y ceja

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Trabajo en el Tercer Sector. Después de haberle dado unas cuantas vueltas a la profesión (prensa, tele, gabinetes de prensa… ¡teletexto!), hace un par de años me dieron la oportunidad de encargarme de la Comunicación de una fundación de empresa que financia proyectos relacionados con temas de discapacidad. Se da la circunstancia de que parte de esa financiación proviene de otras empresas, por lo que, además de funcionar como financiera, hacemos labores de captación de fondos.

Todo este rollo viene a que ayer se clausuró el XVII Congreso de Fundraising, la cita anual que reúne durante dos días en un mismo recinto a la mayor parte de las ONG de nuestro país, sus responsables de captación, los dircom, directores de marketing y, sobre todo, fundraisers. A mí, con el Congreso, me pasa algo muy curioso, y es que lo vivo como vivía los festivales indies en los noventa; me planifico con semanas de antelación las conferencias, mesas redondas y talleres como si tocasen Muse, los Pixies y Beck en un lapso de cuatro horas. Tomo apuntes a pesar de que luego los materiales estén a disposición de los asistentes, abordo a los ponentes, tuiteo lo que más me llama la atención… Pero si algo tiene de bueno esta actitud a medio camino entre el fanatismo por el oficio y la ingenuidad es que de tanto poner la oreja con fuerza los conceptos calan. Se quedan. Y eso es lo que me va permitir resumir el congreso en cuatro frases. Cuatro hostiazos entre ceja y ceja que me han hecho revolverme en la silla unas veces, me han abierto la puerta de las ideas otras y, en todo caso, se han configurado como mi perfecto resumen de estos dos días. Ahí van.

  1. “El acto de altruismo más grande que puede hacer un ser humano no es dar su vida por una causa, sino dedicar el resto de su vida a defenderla”. Kumi Naidoo (Director Ejecutivo de The African Civil Society Initiative). Bendita perogrullada. Kumi dejó dos o tres perlitas en poco más de una hora de charla, pero a mí fue ésta la que me abrió las orejas, quizás por el contexto en el que la relacionó (parece ser que la frase era de otro activista, amigo suyo en la Sudáfrica de los setenta que, paradójicamente, se quedó por el camino a balazos). El caso es que la frase en cuestión desprende toda la verdad que cabe en sus 29 palabras, y de paso pone un poco en su sitio a demagogos, cuñaos y aspirantes a martir.
  2. “Todas las organizaciones deberían tener en plantilla a un creativo”. Lucila Rodríguez-Alarcón (Directora de la Fundación porCausa). ¡Ole tú, Lula! Qué gusto da a los que provenimos de ámbitos laborales más locuelos (en mi caso, de hacer guiones audiovisuales) que alguien con callo en el sector apueste por romper los convencionalismos buenrrollistas de lo no lucrativo, y proponga incluso comunicar desde la ironía y la carcajada apuntando hacia nosotros mismos. Querida, tienes un fan para los restos.
  3. “En los próximos diez años viviremos la mayor revolución social de los últimos cuatro siglos”. Gemma González Andrés (Directora de Konnectare Values). Debo confesar que esta frase no la escuché en directo, pero mi jefe sí. Y me la ha proyectado. Si esto es verdad, la situación se plantea más jebi que la camella de Alice Cooper. La cosa se refiere, sobre todo, a la impresión 3D de los conceptos más variopintos (desde casas que se levantan en una hora hasta órganos humanos) y a la locura de lo que llaman el Internet de las Cosas. Echa un vistazo a este vídeo, porque muy pronto tendrás este juguete en el salón de tu casa.
  4. “Tengo una mala noticia. Todos los que estamos en esta sala tenemos una enfermedad degenerativa que acabará tarde o temprano con nosotros. Esa enfermedad se llama vivir”. Ramón Arroyo (Economista, Triatleta y persona con esclerosis múltiple). Sin duda, el momento más emocionante de todo el congreso fue cuando este señor salió a escena. Habló de lo suyo apoyándose en imágenes de la película “100 Metros”, basada en su historia, y terminó su intervención con las únicas imágenes reales de toda la ponencia: las de él, su mujer y sus dos hijos cruzando la meta después de que el colega se hubiese metido entre pecho y espalda un Iron Man, que para quien no lo sepa es una prueba que combina cuatro kilómetros nadando, casi doscientos en bici y, por si acaso te quedas con hambre. un maratón con sus 42 kilómetros y pico. En su testimonio y en frases como la que aparece arriba está la clave que nos permite pensar que la mayoría de las veces que nos quejamos, lo hacemos porque somos unos completos gilipollas.
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