Mujer tenías que ser

Mujeres

Cuando él se ha levantado de la cama, ella llevaba más de cuarenta minutos andando por la casa. En ese tiempo, ha preparado la ropa de las niñas. Ha puesto sobre la mesa de la cocina las galletas, una bolsa de magdalenas, y también ha sacado el cartón de leche de la nevera. Ha mirado su agenda de trabajo y ha dejado lista la bolsa donde guarda los exámenes de sus alumnos a medio corregir. Luego se ha duchado. A las siete y veinte, cuando él se ha levantado de la cama, ella ya se estaba secando el pelo.

Él se ha metido en el baño contiguo, se ha sentado en la taza y ha cerrado la puerta. Mientras, ella, sin hacer demasiado ruido para no despertar aún a las niñas, ha entrado en la habitación y se ha vestido. Se estaba abrochando la hebilla de los zapatos cuando él ha tirado de la cadena y ha entrado también en el cuarto. En voz baja, han hablado acerca de llevar el coche a pasar la revisión, y han acordado que sería ella la que lo haría, porque hoy él saldrá más tarde de trabajar. Ella ha pensado que no queda demasiada fruta, y que tal vez podría aprovechar a la vuelta para pasar a comprar, pero sobre eso no han dicho nada.

A las ocho en punto, cada uno ha entrado en la habitación de cada una de las niñas a despertarlas. Él ha cambiado el pañal a la más pequeña. Para cuando ha terminado, la mayor ya estaba vestida. La niña le ha dicho a ella algo sobre un trabajo de la Semana de la Ciencia que tiene que hacer, y ella le ha contestado que por la tarde se pondrán con ello. Parece que se le ha ocurrido una idea que a la niña le ha parecido genial. En ese momento, la pequeña ha empezado a llorar y ha echado los brazos hacia su madre. Ésta la ha cogido y la niña se ha calmado.

Los cuatro han desayunado juntos, y mientras lo hacían, ella ha repasado en voz alta todo lo que la niña mayor debería llevar en la mochila. Cuando han terminado, a eso de las ocho y media, han salido de casa. Hoy será él quien lleve a las niñas a la escuela, andando, antes de ir a la oficina, porque han decidido que sería ella la que dejase el coche en el taller. Así que él y ella se dan un beso, ella besa a las niñas, y conduce calle arriba camino de su trabajo en el instituto. Cuando llega hasta el primer semáforo, está en rojo, y ella aprovecha la pausa para visualizar mentalmente el esquema de clases de la mañana. El semáforo vuelve a ponerse en verde, pero su cabeza sigue fija en el examen de recuperación que quiere poner a uno de sus alumnos, uno que suele llegar a clase medio dormido, aunque ella sabe que puede conseguir mucho más si se esfuerza. Por eso, no se ha dado cuenta de que el conductor que tiene detrás ha empezado a impacientarse. Tanto, que hace sonar el claxon repetidas veces, asoma la cabeza por la ventanilla y le grita, tan alto como puede para que ella lo escuche.

– ¡Mujer tenías que ser!

Y es entonces cuando ella, consciente de repente de la frase que acaba de escuchar, gira la cabeza, le mira y, sonriendo, asiente orgullosa.

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