El día que Neil Young y su asistente condujeron a través de la noche madrileña

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Cerca de mi casa hay un Día. Un supermercado Día, quiero decir. Y en la puerta, un señor pidiendo que tiene la misma cara que David Crosby. Pero igualito, oye; con su bigotón, su melenaza blanca y su todo. David Crosby fue uno de los fundadores de The Byrds en los sesenta, y participó en la banda de armonías vocales Stills, Crosby, Nash & Young. Como hombre de su tiempo, se puso morado de ácido, hierba y vinagre, y por eso, aunque sé que es mentira, me gusta pensar que el tipo de la puerta de Día es el auténtico David Crosby que, diezmado por los excesos, abandonó San Francisco siguiendo su destino, y lo acabó encontrando a medio camino entre Batán y Aluche.

A mediados de 2016, Neil Young, compañero de Crosby junto a Graham Nash y Stephen Stills en los setenta, pasó por Madrid para participar como cabeza de cartel de un festival. En mi fantasía, cuando el canadiense finalizó su concierto, conocedor de la situación de su viejo camarada, pidió a uno de los miembros de su equipo que le llevase a ver a David. Así que Neil Young y su asistente condujeron a través de la noche madrileña un sedán americano de marchas automáticas. Subieron el Paseo de Extremadura como auténticos anónimos, y desembocaron en el cruce de calles donde se alza el supermercado, y en el que David Crosby dormía arropado con una manta de color anaranjado.

Me resulta divertido imaginar que la conversación entre los dos iconos transcurrió en los siguientes términos:

NEIL YOUNG – ¡David! ¡David, cojones, qué haces tirado en el suelo! ¡Levanta, muchacho!

DAVID CROSBY – (Aún dormido) ¡Estas no son horas de entrar a voces en una casa decente!

N.Y. – No me jodas, Dave.

D.C. – ¡Coño, Neil Young! ¿Qué haces aquí? (se incorpora hasta sentarse) ¿Cuánto tiempo hace? ¿Cuarenta años? Dame un cigarro, nene.

N.Y. – Dejé de fumar en los ochenta.

D.C. – Pues en el vídeo de Rockin’ in the Free World salías fumando.

N.Y. – No hice vídeo de esa canción.

D.C. – Lo sé. Iba a pillarte. ¿Bueno, qué te trae por aquí? ¿Has venido a decirme que salga de este infierno, que te acompañe a tu rancho en California, que juntemos a la banda?

N.Y. – He venido a por lo mío. ¿Te acuerdas de que me debes 122 dólares que te presté en el 76, que te habías dejado la cartera en el estudio…?

D.C. – Pues claro que me acuerdo, Neilico. ¿No me voy a acordar? Lo que pasa es que me pillas un poco justo de cash en este momento. ¿Por qué no te pasas en otro momento y ya vemos cómo lo hacemos?

N.Y. – Siempre fuiste una cigarra, David. Así no, eh. ¡Así, no!

Y diciendo esto, Neil Young volvió a meterse en el coche. Su asistente arrancó, y David Crosby les vio perderse calle abajo antes de volver a tumbarse y decir: “Vas tú listo si crees que te voy a pagar”.

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